MANIJERO

Una mañana de finales de Junio, padre e hijo están hablando de temas de campo. El padre quiere que su hijo tome el relevo cuando sea mayor y le enseña todo lo que desde generaciones anteriores ha llegado hasta nuestros días.
El hijo tiene bien aprendido que antes de nada debe escuchar los sonidos que le indican la época del año, si se avecina una tormenta, si una hembra ha perdido a su cría….
Desde hace un rato entre las chicharras y los gorriones oye un “clac-clac-clac” que no sabe reconocer. – ¡Papá!, ¿qué es ese ruido?, es monótono pero poderoso….- Hijo, ese ruido hace ya 9 años que no se daba por aquí, son los descorchadores sacando parte de su fruto al alcornoque. – No entiendo papá…. – Ven,¡ vamos a verlos!.
– Mira, cada 9 años se quita el corcho al alcornoque y estas cuadrillas se han formado desde jóvenes con unos buenos manijeros. No es fácil la tarea que llevan por delante, deben saber hasta dónde dar con el hacha para no dañar al árbol y sacar el bornizo hasta una altura adecuada para ir resubiendo el corcho.
¿Ves esos burros? , son para acarrear las planchas de corcho desde aquel cerro tan empinado. Aún en estos tiempos de tanta tecnología no han inventado nada mejor ni más eficaz para realizar esta tarea con tanto respeto y en estas duras condiciones. ¡Si hasta quieren sacar una peladora automática de esas!, pero donde esté un buen descorchador….
Aquí lo apilan cada día y hasta para cargarlo al camión hay que saber cómo cuadrar las planchas para que no caiga por el camino y aprovechar el espacio al máximo.
Cuando llega primeros de Junio, la sangre de estas cuadrillas bulle con un gorgoteo nuevo. Es que ya van oliendo a corcho, y están deseando que llegue el primer día porque saben que aunque les esperan unos meses de duro trabajo, van a llevar a casa un buen jornal.
Llevan en la sangre ser “descorchaores” y aunque la gente mire sus negras manos, ellos las muestran con orgullo porque saben la importante labor que realizan. Pero sobre todo porque se saben de una raza especial de trabajadores de esos pocos oficios que aún existen y que mientras haya alcornoques no se perderá.
– ¡Papá!, yo quiero aprender a ser un buen “descorchaor”, dame un hacha ¡y empiezo ahora mismo!.
– Hijo, no vayas tan rápido ¡que las prisas no son buenas! , tienes que empezar desde abajo ¡como han hecho estos chavales!, así que coge unos sacos y ve llenándolos de bornizo unos y de recortes otros. Así irás notando el corcho con tus manos, te acostumbrarás a su tacto y sabrás apreciar lo duro y hermoso de este oficio.

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